Mi tercer hijo, mi tercera cesárea

Al mes de celebrar el primer año de vida de Lia (mi segunda hija), me entero por sorpresa de que voy a ser madre por tercera vez..

Tercera cesárea tercer hijo

Una noticia completamente inesperada

Un mes después de celebrar el primer cumpleaños de Lia, mi segunda hija, descubrí por sorpresa que iba a ser madre por tercera vez. No entraba en mis planes volver a ser madre, y mucho menos teniendo a la pequeña tan cerca de su primer año, pero la vida a veces es caprichosa y te hace estos regalos.

Había retomado el gimnasio y salía a correr por las mañanas con una amiga. Me sentía agotada, aunque pensaba que era normal porque Lia todavía tomaba pecho por las noches. Un día, al volver a casa, sentí náuseas. Se lo conté a mi pareja y él lo tuvo claro.

«Estás embarazada seguro. Llevas unos días muy rara».

Yo le contesté que era imposible, pero mi cabeza empezó a sumar señales: una falta, algunos olores que me molestaban y aquellas náuseas. Ese mismo día compramos una prueba. Subí a casa para hacerla mientras el papá y las niñas esperaban en el coche. Prometí no mirar el resultado hasta estar todos juntos.

Al volver les expliqué: «si salen dos rayas es que sí; si sale una, es que no». Saqué el predictor y allí estaban: dos rayitas. Mi cara de asombro contrastaba con sus risas y su celebración. Yo todavía no podía creerlo.

Prueba del tercer embarazo

Aceptar el embarazo y una tercera cesárea

Empezaron las consultas, las analíticas y todas las pruebas de un embarazo. Me costó asimilarlo, aunque poco a poco fui haciéndome a la idea. Con el ritmo diario y una niña tan pequeña, a veces casi olvidaba que estaba embarazada.

Recuerdo la visita en la que me dijeron que mi tercer hijo nacería por cesárea sí o sí. Me hizo ilusión pensar que quizá podría vivir un parto natural y busqué información y experiencias de otras mujeres. En la consulta siguiente, la matrona me explicó que el equipo no asumiría ese riesgo después de dos cesáreas.

Podía buscar otro centro o valorar un parto en casa, pero no quise arriesgarme. En mi caso los bebés habían sido muy grandes —por encima de los cuatro kilos— y las cesáreas anteriores se hicieron porque no podía tenerlos de forma natural.

El miedo de volver a pasar por quirófano

Pensar en otra cesárea me daba pánico. Con mi hija mayor pasé nueve horas de parto antes de terminar en una cesárea con anestesia general, perdiéndome nuestro primer encuentro. Con la segunda fueron quince horas antes de acabar también en quirófano. En ambas recuperaciones lo pasé mal y sentí más molestias de las esperadas.

Esta vez volvería a pasar por la misma operación, aunque al ser programada no tendría que vivir antes las contracciones. Después de un embarazo excelente, sin molestias ni malestar, llegó el final.

2 de febrero: el camino al hospital

El jueves 2 de febrero, a las ocho y media de la mañana, llegué al hospital con mis maletas, preparada para convertirme en madre por tercera vez.

Camino al hospital para la tercera cesárea

Cuando llegó el momento tuve que enfrentarme sola y muerta de miedo, aunque terminó siendo la mejor de mis tres cesáreas. Me dolió que no permitieran entrar a mi pareja para acompañarme en un momento que sentía nuestro: el nacimiento de nuestro hijo.

La anestesista se ofreció a coger mi móvil y hacer las fotografías para que pudiéramos conservar aquel recuerdo y para que el papá pudiera verlo después. A pesar de entrar sola, ese momento acabaría convirtiéndose en uno de los más importantes de mi vida.

El primer llanto

Apenas quince minutos después de entrar en quirófano escuché el llanto de una personita indefensa que acababa de nacer de mí. No pude contenerme y me uní a su llanto, emocionada al saber que por fin iba a tenerlo en mis brazos.

Primer encuentro entre madre e hijo tras la tercera cesárea

Esta es mi fotografía favorita: los besos con los que conseguía calmar su llanto. Entre sus lágrimas y las mías nacía ese amor infinito por un hijo.

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